Debido probablemente a la crisis económica, desde el año 2007 la edad media de los vehículos se ha incrementado progresivamente, pasando de los 6,5 años a los 9,9 del año 2013 para turismos. Esta cifra supone que, en caso de producirse un accidente de tráfico, el riesgo de lesiones graves o mortales se multiplica por dos. La relación antigüedad y riesgo se obtiene de medir el cociente entre número de fallecidos o heridos graves y el número de vehículos del parque. En el caso concreto de carreteras secundarias, claramente se percibe que los coches viejos son un factor decisivo a la hora de determinar la gravedad de las lesiones.

Un estudio realizado por la Comisión Europea en el año 2006, dentro del proyecto de investigación SARAC II, midió el impacto en la seguridad de los mismos modelos y marcas de automóviles durante varias generaciones, llegando a la conclusión de que, en el salto de 3-5 generaciones, es decir entre 6 y 10 años (una generación de vehículos son 2 años), el riesgo de lesión grave o mortal se reduce un 45-65%. Rosa Ramírez, subdirectora de Estadística de la Dirección General de Tráfico (DGT) explica la razón: “Los nuevos vehículos introducen nuevos mecanismos de seguridad, algunos obligados por la normativa, que han supuesto un menor riesgo de resultar gravemente herido o muerto en accidente de tráfico”. En otro estudio, en este caso del RACE, en colaboración con Bosch, se recogen las conclusiones de una prueba de impacto entre dos vehículos con una diferencia de 20 años.

Los resultados en seguridad demostraban cómo el conductor del utilitario moderno sufría heridas de consideración, pero no mortales; mientras que el conductor del vehículo antiguo sufría lesiones mortales, quedando atrapado en la cabina destrozada. Y es que las probabilidades de sobrevivir en un siniestro con víctimas es el doble en un vehículo nuevo que en uno de más de 15 años. Otro de los objetivos del estudio ha sido conocer cómo intervienen los sistemas de seguridad en la reducción de siniestros o en la gravedad de las lesiones.

Así, por ejemplo, un vehículo con ABS reduce un 6% el riesgo de colisión. Si consideramos el ESP o sistema de control electrónico de estabilidad, un informe sueco afirma que reduce un 22% los accidentes por salida de la vía y un 32% los siniestros en condiciones climatológicas adversas. Para Juan Luis de Miguel, subdirector del Área de Seguridad Vial y Reconstrucción de Accidentes de Tráfico del Centro Zaragoza, el principal factor de vulnerabilidad de un coche antiguo es la necesidad de un mantenimiento correcto, y esto “no siempre ocurre porque, generalmente, el mantenimiento preventivo en vehículos de cierta edad se limita a la realización de los preceptivos cambios de aceite y a acudir al taller cuando una avería obliga a ello”.

Fuente: http://bit.ly/1nSoVVa

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