Un estudio de Autoscout24 confirma que el 42% de los españoles no compraría un coche de segunda mano de un fumador. El olor a tabaco y la degradación que el humo provoca sobre plásticos, guarnecidos y hasta vidrios, por no hablar de la suciedad y las quemaduras involuntarias que provoca la ceniza sobre el tapizado no resultan atractivos al acceder a un modelo donde el conductor fuma con regularidad. Y, como se ve, a muchos les impediría concebir su adquisición de ocasión.

Solo el olor es un factor de rechazo, como asegura el 16% de los encuestados, que afirma que los coches así muestran peor aspecto general. Eliminar o mitigar el olor del tabaco no es fácil, aunque en centros de limpieza integral de vehículos consiguen hacerlo, al menos de forma parcial, con lavados exhaustivos de tapicería y otros.

De todos modos, los «males» de fumar a bordo no terminan ahí. Ahí están, por ejemplo, las distracciones que provoca, y que en no pocos casos han derivado en accidente por un cigarro que se cae dentro del coche, incluso al intentar tirarlo por la ventanilla (terminantemente prohibido hasta con pena de cárcel y motivo de incendio forestal en no pocas ocasiones), o las quemaduras que provocan sus cenizas sobre tapicerías.

Para colmo de males, está demostrado que un niño que viaje únicamente 10 minutos sentado a diario en el asiento trasero de un coche donde un fumador lo hace delante cigarro en mano se expone a los efectos dañinos del tabaco hasta un 30% más.

Fuente: ABC

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