Miles de personas con permiso de conducción no se atreven a utilizar su automóvil, debido a un miedo patológico llamado amaxofobia.
Las secuelas mentales de un accidente, la conexión con otros problemas psicológicos o la falta de técnica en la conducción pueden ser las causas.

La amaxofobia es un problema extendido, aunque muchos de los afectados nunca lo confiesen y utilicen cualquier forma de transporte antes de pasar por el amargo trago de conducir. El problema es que renunciando a esta actividad ven mermada su libertad de movimiento, llegando al extremo, por ejemplo, de tener que rechazar un empleo por su incapacidad para trasladarse hasta él.

¿Quiénes pueden padecer Amaxofobia?

– Conductores que no superan los dos primeros años. 

– Conductores habituales con experiencia: suelen coincidir con episodios de estrés laboral o personal.
 
– Conductores que han sufrido una experiencia traumática: se desarrolla después de un accidente de tráfico, tanto propio como de allegados.
Aproximadamente un 33% de la población, con pequeñas diferencias según países, sufre sensaciones de estrés y ansiedad antes y durante la conducción.

Situaciones más extresantes para quienes padecen Amaxofobia

Circulación en puentes: Terror ante la posibilidad de caer al vacío en una hipotética pérdida de control.

Circulación en túneles: La entrada en un espacio cerrado crea sensación de agobio y el amxofóbico no encuentra una salida.

Incorporaciones a vías rápidas: Miedo a incorporarse en una vía dónde otros vehículos circulan a gran velocidad.

Circulación en vías rápidas de varios carriles: Aflora una exagerada percepción del riesgo al verse incapaz de controlar el vehículo.

Curvas cerradas: la velocidad y pérdida momentánea de perspectiva pueden provocar una crisis.

Vías con muro de separación: el conductor temeroso se encontrará cerrado entre las paredes cerradi entre las paredes y sin solución a una pérdida de control.

Estacionamiento: Sensación exagerada de estar estorbando al resto de los conductores mientras aparca.

Grandes bajadas en puertos de montaña: La velocidad, la pendiente y la estrechez de este tipo de carreteras forman un escenario perfecto para la aparición del pánico.

Para reducir el malestar asociado a la respuesta de estrés al volante es interesante la práctica diaria de técnicas de relajación.

Fuente: Revista Tráfico

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