La época anual de alergias abarca seis meses desde marzo hasta septiembre, aunque se matizan en función de la región geográfica y la sensibilidad individual Entre el 2 y el 5% de los accidentes anuales con heridos guardan relación con las alergias respiratorias.

Un alérgico que encadene estornudos durante 5 segundos –es habitual hasta ocho o diez seguidos en plena crisis alérgica–, a 90 km/h, circularía sin prestar la debida atención a la conducción durante más de 125 metros: ¡mayor distancia que la longitud de una campo de fútbol!

Si esto no fuera suficiente peligro, los síntomas de esta enfermedad (ojos irritados y fuertes picores, congestión y destilación nasal, molestias por la luz…) también entorpecen la conducción segura. Tampoco es menos peligrosa la automedicación: tomar lo que recomienda un conocido sin indicación médica puede llevar a ingerir medicinas que provoquen somnolencia –por ejemplo, los antihistamínicos de primera generación– o, si se toman mezcladas con alcohol, reacciones adversas, de resultados aún peores…

No obstante, limpiar el coche con frecuencia, instalar y mantener limpios los filtros HEPA del vehículo (retienen partículas y pólenes), utilizar gafas de sol, no llevar las ventanillas abiertas, no tomar alcohol durante el tratamiento médico y no viajar justo al comienzo del tratamiento médico son consejos que le ayudarán a evitar el peligro. Y, sobre todo, estar bajo control médico y advertir al especialista de su necesidad de conducir: éste le propondrá un tratamiento sin efectos secundarios (somnolencia) o pautas para ponerse al volante con seguridad.

Fuente: DGT

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