101º Aniversario del primer semáforo eléctrico

El semáforo, tal y como lo conocemos, cumple hoy 101 años de vida. Su historia se remonta 146 años, ya que la primera señal con esta idea para regular el tráfico se colocó el 15 de diciembre de 1868 en Londres.  Sin embargo, este semáforo no tenía nada que ver con el actual ya que entonces tenía dos ‘brazos’ que se levantaban para indicar qué carril tenía que detenerse. Dos meses después de su instalación, el semáforo explotó causando la muerte del agente que se encargaba de controlarlo.

Por aquel entonces, su uso estaba relegado a los trenes y no fue hasta el 5 de agosto de 1914, justo hace 101 años, cuando se instaló el primer semáforo eléctrico. Cleveland (Estados Unidos) fue la primera ciudad en tener un semáforo para este fin y se debió a que en este año, la clase media de la ciudad comenzó a comprar los coches Ford.

El aparato fue inventado por Garret Augustus Morgan y es considerado el primer semáforo moderno de la historia. Contaba con luces rojas y verdes sobre soportes con forma de brazo y un emisor de zumbidos, un sistema que se fue perfeccionando con el paso de los años, incluyendo distintos cambios, como la incorporación de una tercera luz de color ámbar.

Los primeros semáforos con tres luces fueron instalados en 1920 en Detroit y en Nueva York y en 1936 Charles Marshall incorporó una señal rotatoria para indicar el tiempo que restaba antes del cambio de estado, pero no fue hasta 1961 cuando se instaló la luz reguladora del paso de los peatones, acercándose considerablemente al concepto de semáforo que hoy en día tenemos.

Quince años más tarde llegó a España, concretamente a Madrid y comenzó a regular el tráfico entre la calles Alcalá y Barquillo.  Entonces, en 1929,  la implantación del semáforo fue toda una novedad y hoy en día los tenemos en cada intersección. De este modo, Valencia es la ciudad española con más semáforos, ya que cuenta con uno por cada 750 habitantes. Este promedio es significativamente más alto que el de Madrid, que cuenta con uno por cada 2.700 ciudadanos y el de Barcelona es de uno por cada 2.000.

Cuando el primer semáforo aterrizó en España, estos aparatos regulaban únicamente el tráfico de los vehículos y no fue hasta 1933 cuando en Nueva York se instaló el primer semáforo que avisaba a los peatones cuándo podían cruzar la calle. Este semáforo neoyorkino no contaba con el tradicional muñeco, ya que este no llegó a las señales lumínicas hasta 1961, cuando fue inventado por el psicólogo Karl Peglau en la Alemania Occidental.

Habitualmente, cuando la luz roja está iluminada significa que hay que detenerse, la ámbar que hay que preparar para frenar y la verde que se puede pasar.

Hay ciudades como Nápoles, que el significado de los colores no es el mismo. De este modo, en la ciudad italiana los colores rojo y ámbar significan continuar, mientras que el verde quiere decir que hay que detenerse.

Fuente: La información

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