EL TRANSPORTISTA TIENE DERECHO A EXIGIR EL REEMBOLSO DE LOS GASTOS QUE LE OCASIONE SU PETICIÓN DE INSTRUCCIONES O QUE IMPLIQUEN LA EJECUCIÓN DE LAS INSTRUCCIONES RECIBIDAS, A MENOS QUE ESTOS GASTOS SEAN CAUSADOS POR SU CULPA.

Es habitual, en ocasiones, que ocurrido un hecho durante el traslado de la mercancía (por ejemplo, derivado de una paralización en las operaciones   de carga y/o descarga), tengan que solicitarse por el transportista al cargador las correspondientes ins­trucciones, encaminadas a decidir sobre la forma de con­tinuación del servicio y cuya ejecución, además, se antoja necesaria para dar cumplimiento efectivo al contrato de transporte. En este sentido, ha de recordarse que, en vir­tud de lo dispuesto en el artículo 17 del Convenio CMR, “el transportista es responsable de la pérdida total o par­cial o de la avería que se produzca entre el momento de la toma en carga de la mercancía y el de la entrega”, así como también de su retraso, quedando únicamente exo­nerado cuando tales circunstancias hayan sido ocasiona­das entre otras, por una instrucción del que tiene derecho sobre la mercancía no resultante de una acción culposa del transportista. Pues bien, esa petición y/o ejecución de instrucciones, sin embargo, puede ocasionar en el portea­dor una serie de gastos cuyo reembolso tiene derecho a exigir. En tales casos, señala la norma en su artículo 16, apartado primero, que “el transportista tiene derecho a exigir el reembolso de los gastos que le ocasione su peti­ción de instrucciones o que impliquen la ejecución de las instrucciones recibidas, a menos que estos gastos sean causados por su culpa”. Es por ello que, a excepción de mediarse una conducta culposa en la acción del trans­portista, este tendrá derecho a ser resarcido de todos los gastos en que por causa de instrucciones pueda sufrir, en el cumplimiento o ejecución de las mismas.

No obstante, puede ocurrir y así ocurre como señala el párrafo segundo del citado precepto que, la ejecución del contrato conforme a las previsiones recogidas en la Carta de Porte resulte sin embargo, irrealizable, antes de la lle­gada de la mercancía al lugar de entrega, en cuyo caso, previa solicitud de las pertinentes instrucciones, el trans­portista podrá proceder inmediatamente a su descarga, considerándose el transporte desde ese momento termi­nado, incluso confiar su entrega a un tercero, haciéndose responsable de esa elección. Lo mismo se prevé cuando, después de la llegada de la mercancía al lugar de destino, se presenten impedimentos para su entrega.

Al margen de lo anterior, “el transportista puede pro­ceder a la venta de la mercancía sin esperar instruc­ciones del que tiene derecho sobre la misma, si así lo justifican la naturaleza perecedera o el estado de la mercancía y si los gastos de custodia son excesivos en relación al valor de la mercancía”. En los demás casos, sin embargo, “puede proceder a la venta si en un plazo razonable no ha recibido, del que tiene derecho sobre la mercancía, instrucciones contrarias cuya ejecución pudiera resultar razonable”, todo ello según reza el apartado tercero del ya mencionado artículo 16.

En cualquier caso y sobre esta cuestión, señala por úl­timo el precepto que si la mercancía ha sido vendida, “el producto de la venta deberá ser puesto a disposi­ción del derechohabiente, deducción hecha de los gas­tos que gravan la mercancía”. No obstante, “si estos gastos son superiores al producto de la venta, el trans­portista tiene derecho a la diferencia”.